Gane ventajas eliminando las distracciones y escuchando activamente

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Los grandes oyentes se caracterizan por reunir hechos y opiniones mientras establecen conexiones más profundas con los demás en sus encuentros. Aún mejor, utilizan esa atención para fomentar sus habilidades creativas para  resolver problemas. 
Al aprehender o sujetar más de lo que la gente dice y al mantenerse receptivos a una amplia variedad de aportes, ellos aumentan su aprendizaje e identifican nuevos enfoques para abordar problemas difíciles. Los oyentes absortos entrenan de esa manera sus mentes para expandirse con cada delicia de nueva información. Aunque no es fácil guardar silencio cuando se está tentado a afirmar lo correcto o mostrar su inteligencia, pero ellos al escuchar activamente obtienen grandes beneficios.

Para escuchar con eficacia y flexionar nuestros músculos innovadores del cerebro se ha de practicar lo siguiente:

1. Abrace una actitud de absoluta atención. Muchas personas resisten escuchar muy bien, pero caen en malos hábitos cuando pueden. Para diferenciarse de este grupo, prepárese para escuchar con cuidado.
"Lo que nos separa a los buenos oyentes es la práctica de la plena atención mucho antes de una interacción", dice Brenda Bailey-Hughes, profesora de la Kelley School of Business de la Universidad de Indiana en Bloomington, Indiana. Ella recomienda; "Tome cinco minutos, siéntese tranquilamente e ignore las distracciones y concéntrese en una sola cosa (por ejemplo un objeto en la habitación) esto le ayudará más adelante a fortalecer su capacidad de enfocarse en los oradores".

2. Prepare el escenario. Si desea asimilar el cerebro de alguien, muestre curiosidad desde el principio. Indique su intención de digerir cada palabra.
"Deje a un lado sus documentos, guarde su teléfono, cierre la puerta de su oficina", dice Bailey-Hughes. "Tienes que parecer que vas a escuchar, ello te ayudará a mantenerte concentrado y ayudará al hablante u orador a sentirse como el centro de atención".

3. Anhele los detalles. Escuche con el objetivo de empatizar con el hablante. Idealmente, elimine sus prejuicios para que así pueda ver la situación a través de los ojos de la otra persona.
No suponga que sabe lo que alguien va a decir, tampoco se apresure a responder, por el contrario, manténgase en silencio y espere para ofrecer sus consejos u opiniones.
"Si yo entiendo bien el problema, es más fácil encontrar una solución innovadora", dijo Bailey-Hughes. "Quieres ser una rana en el estanque en lugar de un pájaro volando sobre el estanque. Escuchar es tu camino al estanque para que entiendas la experiencia del orador y sus sentimientos sobre esa experiencia".

4. Deje de cortar la palabra. Los oyentes adeptos rara vez interrumpen. Prefieren cerrar los labios y dejar que los oradores se tomen su tiempo para formular sus pensamientos. "La interrupción es un problema común para las personas en el poder", dice Dorie Clark, profesora adjunta de la Escuela de Negocios Fuqua de la Universidad de Duke. "Si frenas a una persona lo suficiente, dejarán de traerte ideas. Estás eliminando una buena fuente de datos".

5. Alinee su cuerpo. Los oradores tienden a abrirse a los oyentes que demuestran pleno interés. Para resaltar su entusiasmo por saber, envíe señales no verbales que refuercen su curiosidad.
Mueva la cabeza para reconocer que entiende algún punto clave. Sonría con simpatía si es apropiado. Mantenga el contacto visual, especialmente si hay otros que acechan cerca buscando su atención.
"Si está hablando cara a cara, dirija sus pies hacia la persona, no lejos de ellos ni hacia la puerta", explica Clark, autor de "Stand Out".
Bailey-Hughes ofrece un consejo similar: "Alinee su corazón y su torso con el corazón y el torso del hablante". Girar hacia alguien, en vez de mover su cuerpo como si estuviera ansioso por escapar, aumentará su conexión no verbal.

6. Retenga su sentencia o criterio. Cuando escuche una idea nueva, responda excavando o indagando para obtener más información. Haga algunas preguntas con palabras neutrales para completar la sugerencia del orador.
Incluso si su reacción inicial es negativa, no lo diga. Escuchar con receptividad no lo obliga a respaldar lo que escucha. Siempre podrá emitir un veredicto más adelante, luego de investigar más y deliberar a su propio ritmo.

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